domingo, 21 de octubre de 2007

Asalto nº 12: Continuamos con "La Historia sin pasado"


Después de habérselo pensado un largo tiempo, por fin decidió emprender la búsqueda del elegido. Su ayudante no sabía del todo bien cómo funcionaba aquello ya que él se dedicaba a traer los materiales para que el Vigilante pudiera hacer su trabajo y su secreto tenía que ser guardado recelosamente para que nadie pudiera enterarse de lo que allí sucedía. Pero no tenía más remedio que confiarle su trabajo, no se fiaba de él como sucesor, porque además de ser mayor que él, era una persona de no muchos conociemientos y no podía dejar en manos de cualquiera tan importante misión.
Por lo que le explicaría por encima cómo actuar en caso de emergencia, es decir, si algo malo ocurriera con su reloj, lo que tenía que hacer su ayudante sería avisarlo de la manera más inmediata posible. Eso era la misión que tenía que cumplir por el momento mientras el vigilante salía en busca de alguien competente, de confianza y joven para salvar a la humanidad. No era trabajo fácil, por lo que tenía que ponerse manos a la obra inmediatamente.
Ya estaba el sol donde tenía que estar cuando entró en su garita el ayudante dandole las buenas noches. Como siempre, venía con su carro de madera y su caballo llamado Galope, su estrella del norte que para él era su guía, brillaba más que de constumbre, aquella vez. El Vigilante de las Agujas, le hizo pasar y le invitó a una taza de un té aromático que siempre solía beber y que dejaba un agradable olor impregnado en toda la casa. El ayudante extrañado entró en su morada. Nunca antes lo había hecho, por tanto entró sorprendido sin saber qué era lo que le esperaba en aquella invitación, cedió y se apresuró porque desde siempre quería saber que era lo que guardaba el Vigilante en aquellos rincones.
Ambos se sentaron en una pequeña mesa que había en la salita junto a la luz de una candela que desprendía un intenso olor a hierba Luisa. Era una mezcla lo suficientemente agradable como para no estar asustado, así que, se tranquilizó un poco y comenzaron a conversar sin más presentimientos. El ayudante, dejó que el Vigilante de las Agujas le sirviera su té y espero a que ambos tuvieran ya preparadas las tazas, hasta empezar a beber. Nunca se habían preguntado los nombres, siempre se hablaban de usted, aunque el vigilante se dirigía a él como "Ayudante". Cada vez que llegaba le decía: -"Buenas noches Ayudante"- y se despedía de él de igual manera. Esta vez el Vigilante optó por una acitud más cercana, y sin más preámbulos le indicó: -"llevamos varios solsticios y equinocios trabajando juntos y aún no se ni cual es su nombre de pila, ¿le importaría decirmelo?, me presentaré yo primero, soy El Vigilante de las agujas, pero a partir de hoy, me podrá llamar Sr. VIG. Ya le explicaré el porqué de mi nombre pero antes me gustaría saber cuál es el suyo"- el ayudante se quedó perplejo porque eso de las agujas no le gustó mucho como sonó y empezó a indagar y a atar cabos sueltos, y en cuestión de nada, su mente empezó a hacer cábalas dándole explicación a muchas preguntas sin respuesta durante tantos solsticios y equinocios. Le dió un sorbo a su té y adelantó: - soy el Señor Golod, me alegra poder estar aquí sentado al fin, creía que nunca iba a preguntarmelo -.
(hasta el próximo asalto)

1 comentario:

Aquiles dijo...

tu turno... jeje! espero sea a placer.